Palabras (II): Aprendizaje y Aquí y ahora

Vuelvo hoy con la segunda parte de mis reflexiones hijas del haber estado compartiendo durante los últimos meses del curso espacios de la palabra con los niños y niñas de 8 años de El Martinet. Como ya expliqué en la entrada (antesala de ésta) Palabras (I): La palabra desnuda, colaboré como canal de la palabra, las historias y el aprendizaje en dos formas distintas: contador de cuentos y narrador de historias; y acompañante a la lectura a aquell@s niñ@s que más práctica (asistida) necesitaban para seguir desarrollando su habilidad lectora.

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Ya hablé acerca de la narración y el contar cuentos en la entrada arriba citada, quiero hoy compartir algunas reflexiones y aprendizajes al respecto de mi práctica como acompañante al proceso de aprendizaje de la lectura. Deseo que lo disfrutéis y os resulte útil.

 

LETRA, PALABRA, FRASE, PÁRRAFO, HISTORIA, SENTIDO, MISTERIO

Aprendizaje de este asistente del aprendizaje: por obvio que parezca (y que en realidad es) para poder leer hay que atender primero a las letras.

Luego ya las palabras. Luego las frases. Y después van llegando los párrafos, y la historia, con su sentido, su obviedad y sus entrelineas. Y, un tramo incuantificable más allá, lo otro, lo inasible, lo mistérico. Aquello inabarcable que la historia apunta más en lo que no nombra que en lo que concreta.

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A mí que me interesa el desarrollo humano, el trabajo con personas en pro de que éstas se asienten en sí mismas y con ello en su máximo potencial —labor a la que me dedico con niños en mi función de educador y con adultos en mi faceta de terapeuta—, no he podido no tomar nota de como las ansias por saber leer, son un gran inconveniente en el ejercicio de aprender a leer. O, dicho de otro modo: que el luego es una poderosa interrupción del ahora. Y que ese ahora es el único camino a un luego que, eventualmente, ha de convertirse en ahora.

Esta verdad esencial, que hoy día está tan manida (por tan de moda), no deja de ser cierta para cualquier cambio, aprendizaje o camino que acometamos. La meta es, más a menudo de lo que creemos y en más formas de las que solemos imaginar, la gran interrupción. El camino es el Camino, y la meta, el lugar en el que estoy.

APRENDIZAJE Y AQUÍ Y AHORA

He observado en los niños al leer lo mismo que en ocasiones veo en mí al escribir (o al emprender un proyecto, o al viajar, o al hacer el amor, … ¡o al vivir!): cada vez que intento cazar las frases sin atender las palabras, o reconocer una palabra nueva sin atender a las letras que la componen, me pierdo. Cada vez que intento llegar allí sin llegar a estar aquí, pierdo ambos. Se cuelan por la brecha que he abierto entre mi realidad (estoy aquí) y mi pretensión (estar allí).

Con los niños (y niñas, uso el genérico masculino por comodidad y para agilizar) observo esto en diferentes momentos y maneras:

Ante una palabra aún desconocida, es común verles proyectar palabras que sí tienen en su vocabulario, y nombrar éstas en lugar de darse el tiempo de leer la palabra (nueva para ellos) que está realmente en el texto. Esto seguimos haciéndolo los adultos. Ante cualquier vivencia nueva, desconocida, que pide de mí un esfuerzo de apertura y aprendizaje, forzamos las formas ya conocidas que, claro están, no encajan ni resuelven nada. Con la palabra que yo pongo de memoria, la frase no tiene sentido.

O buscamos la palabra fuera de la palabra. Los niños suelen buscarla en mí. Alzan la vista buscando mi mirada mientras se entregan a enumerar (cuanto más rápido mejor) cuanta palabra se les pase por la memoria que case en alguna medida con lo que han alcanzado a cazar de lo que hay realmente escrito. La palabra no está en mí —les digo yo — búscala en ella, a ver que te encuentras. Así, despacito, letra a letra.

Y así, despacito, letra a letra, sucede(¡oh! ¡sorpresa para todos!) que avanzan (avanzamos) más deprisa y comprenden (comprendemos) más profundamente.

Otras veces llega una palabra difícil. Tal vez ya conocida, pero que por un motivo u otro les resulta difícil de leer o pronunciar. Ante esta situación, es habitual ver como la saltan, o lanzan un sonido incomprensible, como forma de pasar por alto la incomodidad del momento y, con ella, su potencialidad de aprendizaje. No importa si es una palabra clave del libro, que se repite a cada página (como en el caso del vocablo Capuxteta, en el cuento sobre el famoso personaje de la Caperucita), la estrategia puede permanecer inamovible.

¿Te suena? ¿Te has saltado alguna vez sentimientos (tristeza, dolor, miedo, rabia, angustia,… ¿tal vez alegría o amor?) por no saber como vocalizarlos, como darles cabida en ti? ¿O has pasado por alto momentos de ansiedad o incomprensión profunda, esos estados de no saber ni qué es lo que no sabes?

El tema de las letras como formantes de las palabras es así mismo trasladable a las palabras como formantes de frases. Y las frases como formantes de párrafos y así ad infinitum. Dependiendo del momento del proceso en que se encuentre cada cual, su atención estará en un peldaño u otro de la escala del aprendizaje. Sin embargo, si mantenemos el patrón de abrir brecha entre el momento presente y el futuro imaginado, no importa en qué escalón del proceso estemos, nos clavaremos en él exactamente de la misma forma. Éste es el caso de, por ejemplo, aquellos niños que dominan perfectamente las palabras, pero en su prisa se inventan el sentido de la frase. O los que comprenden cabal y espontáneamente las frases, pero corren a la caza del sentido del párrafo o página, o incluso del cuento en su totalidad. Unos y otros parecen temer ser vistos, ni más ni menos, que donde están. Parecieran asustados ante la posibilidad de ser descubiertos en su no saber.

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Sin embargo, he podido observar que son precisamente aquellos con mayor capacidad de aceptación de ésta experiencia de no saber, que la pueden encarar sin juicio sobre sí, o sin atacar su capacidad o su valía, quienes más rápidamente pasan a un estado de saber.

De hecho, si una diferencia he observado directamente vinculada a la capacidad de progresar de cada uno, no tiene ésta relación alguna con el talento o conocimiento previo de cada cual, ni con sus capacidades o tiempo de dedicación, ni (como digo) con el momento del proceso en que se encuentran. Ni siquiera con la intensidad con que deseen aprender o mejorar o se dediquen a la tarea (que puede en ocasiones llegar a ser tal que genere una tensión contraproducente). Su capacidad de progresar depende sobretodo de su habilidad para estar exactamente en el punto del proceso en el que están, y para habitarlo en paz. En serena aceptación. Sin pelea.

Toda la energía que el niño no invierte en pelearse con, por ejemplo, no conocer aún tal letra, o el sonido de tales grafías juntas, o no poder articular aún correctamente tal palabra, es energía disponible para aprender tal letra, o el sonido de tales grafías juntas, o a articular tal palabra. Cuanta más paz en la vivencia de lo que está siendo, cuanta más entereza en la aceptación de lo que Es, tanta más capacidad de transformarlo. Y eso es desarrollo. Y aprendizaje. Y vida.

¿Te ha pasado? ¿Lamentarte por no saber aún resolver tal o cuál aspecto de tu vida? ¿O por volver a equivocarte en lo mismo? —la famosa piedra que tanto amamos— ¿Te has criticado por no ser capaz de hacer lo que otros de tu edad, tu barrio o tu familia llevan a cabo con aparente soltura o auténtica naturalidad? Yo sí. ¿Hay alguna diferencia entre eso y lamentarse de cometer errores? A mí me parece que no. Y si bien no trato tanto darle la razón a la consabida frase que reza que el error es el mejor maestro, sí apunto que el amoroso permiso para el error, la vivencia natural del mismo —libre de juicio y, por tanto, de culpa y de castigo— es un camino abonado al aprendizaje, la transformación y el desarrollo.

En nuestra exigencia, nos obligamos a estar donde no estamos, a ser quienes no somos y a saber lo que no sabemos. Y así nos despreciamos, y quedamos sometidos bajo el peso de la culpa y la desvalorización por no ser no-sé-quién, estar no-sé-donde y saber no-sé-qué. Nos dejamos desenergetizados y culpables por no vivir una vida que no es la nuestra, y dejamos pasar, ciegos a su valor, la exuberante potencialidad de aprendizaje que nos brinda este momento.

Obviamente no todos los niños y niñas asistieron a las sesiones de práctica de lectura conmigo. Y eso no siempre ha sido fácil para los que sí participaban, viendo a sus amigos ir en grupo a otros juegos y actividades. Y es fácil entrar en la comparación y maldecirse. Y hablarse mal y retirarse el amor. O es fácil entrar en la victimización y maldecir. Y culpar o pelearse con aquél a quien otorgamos el rol de principio-de-todos-mis-males. Para algunos niños, al principio, este era yo.

Uno y otro son el camino fácil… y penoso. Y el más costoso a largo plazo, ya que derrochamos la experiencia en curso y con ella su potencialidad transformadora. Lo difícil —y nutritivo— es asentir al momento tal cual Es. Tomar todo lo que ofrece. También la frustración que produce no poder estar jugando en el patio o acabando el cómic con mis tres amigas, y ponerlo al servicio del momento presente. Y así, transformarte en él. A través suyo. Y en otro momento presente —que ha de llegar si me adentro enteramente en éste— salir a jugar al jardín ya sabiendo aquellas letras, o el sonido de tales grafías juntas, o articular correctamente tal palabra. O terminar el cómic (u otro proyecto venidero igual de motivante para mí) pudiendo leer y escribir más cabalmente, o teniendo más desarrollada aquella habilidad que hoy se presenta pequeñita en mí.

Crecer en la práctica, dar espacio a una habilidad (sea la lectora o cualquier otra) es, por tanto, el fruto natural del habitar el momento presente, tome la forma que tome tanto dentro como fuera de ti. Ésta es hoy a mi juicio, y tal y como he observado en los niños que he tenido el privilegio de acompañar, la piedra angular de todo aprendizaje. Y en una existencia donde lo único  permanente es el cambio, vivir es aprender. Ojalá nos vayamos dando cuenta todos poco a poco que, de la misma manera, aprender es vivir, y que facilitar los procesos de aprendizaje —o mejor dicho, dejar de interrumpirlos—, es facilitar los procesos de vida y asistir a su florecimiento.

Les ha ido muy bien —me dicen algunos maestros al acabar mi colaboración—, se nota su evolución. Me alegro —les respondo yo—, me alegro mucho, a mí también me ha ido bien.

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Palabras (I): La palabra desnuda

Va terminando el curso, y vamos cerrando etapas (a medida que abrimos espacio para lo siguiente). Y así es también en la escuela, otras obligaciones y proyectos se me llevan del espacio que he estado compartiendo los últimos meses con la comunidad de medianos de El Martinet, donde he estado colaborando como canal de la palabra, las historias y el aprendizaje en dos formas distintas:

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Por un lado he sido acompañante a la lectura a aquell@s niñ@s que más práctica (asistida) están necesitando para seguir desarrollando su habilidad lectora (me dicen los maestros al despedirme que ha sido muy útil, que se nota la evolución de l@s niñ@s con quienes he estado compartiendo ratos y cuentos. Y yo me alegro oye, ¡que a uno le gusta sentirse útil!.

En los entreactos de este papel, el otro (como quien habla del amante): contador de cuentos y narrador de historias en un rinconcito acojinado habilitado especialmente para la ocasión (¡qué orgullo oiga!). Aquí los maestros no me dicen nada, así que me lo hablo yo, que marcho feliz con la experiencia y con ganas de más. Algo quejoso de mí por no haber dado más de mí mismo y haber alcanzado a preparar más historias, a compartir algún mito o leyenda (especialmente africanos) o a recordar más los cuentos que he leído.

Esta entrada, comparte algunas reflexiones hijas de éste segundo ejercicio:

 

DE LA FANTASÍA A LA IMAGINACIÓN, LA PALABRA DESNUDA

En este tiempo entre niños, letras, palabras, cuentos e historias, reflexiono acerca de la necesidad que existe hoy de palabra desnuda (es decir, sin imágenes). De transmisión oral de la palabra. Un niño leyendo un cuento ilustrado está asociando la palabra a su imagen escrita por un lado, y a la imagen-dibujo complementaria a través de la que muchas veces terminan de encontrar sentido a lo que leen (o, en su defecto, de inventárselo). Contarle a un niño un cuento sin mostrarle los dibujos (ya ni decir contarle una historia, sin mediar cuento ni dibujos) es darle la oportunidad de generar su propio imaginario. Un imaginario que puede más adelante ser contrastado con aquél del dibujante o ilustrador, teniendo, por el mismo precio, dos universos para una misma historia.

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A ver los dibujos —me decían ellos, acostumbrados a tener el imaginario dado—.

Vivimos en un mundo de mucha fantasía y poca imaginación. La fantasía es la materialización de la imaginación de otro. Y hoy en día, es un muy bien explotado articulo de consumo, que nos consume la capacidad de imaginar.

A ver los dibujos —me decían pese a haberles explicado que les explicaría el cuento sin enseñárselos. Les hacía así, es cierto, trampa: ponerles ante la tentación de las ilustraciones, a la par que pedirles el ejercicio de imaginación propia (y de autocontrol) no es igual que simplemente narrarles una historia que puedan ellos desarrollar en su imaginario individual y colectivo. Sin embargo, valga el ejemplo para ilustrar lo que presento: la sobredosis de estímulos externos en formatos visuales y, cada vez más, audiovisuales, a que están entregados nuestros más pequeños.

Os lo cuento sin enseñaros los dibujos, luego, el que quiera puede venir y mirar también los dibujos que creó el ilustrador, a ver si se parecen a los vuestros o son distintos. Yo cuando acabe dejo el cuento aquí para que podáis venir a leerlo cuando queráis —les decía yo.

Algunos me lo quitaban de las manos nada más terminar y ya se quedaban contrastando. A veces en grupo. Otros se levantaban y se iban a otra cosa. Algunos lo hacían con un paso sutilmente ralentizado, y a mí me parecía en su forma de retirarse, que se iban despacio con su mundo recién creado, a saborearlo, a habitarlo un poquito más. Tal vez para volver más tarde, u otro día, al ejercicio del contraste. Como dando lugar en ese transito pausado a su recién nacido a cobrar la fuerza suficiente para sobrevivir, al menos un por un rato, a la fuerza apabullante de la fantasía que nos ofrece (y a menudo impone) el mundo de hoy.

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Yo, al menos, con ese deseo y esa esperanza los veía marchar de vuelta a su cotidianidad.

 

Un saludo,
Oscar Fernández Vega

Los que no sabemos amar

2017-01 - Los que no sabemos amar

Y los que no sabemos amar…
¿dónde aprendemos?

El sol me calienta mientras escribo estas palabras.
Los pájaros entusiastan mis oídos.
La tierra, con su verde, me sostiene.

Es el mundo (exterior) que me ama.

Sobre la tierra, mi cuerpo escribe estas palabras.
Mi pulmones se entregan al aire que se les entrega.
Mi corazón palpita sin mi mando.

Es el mundo (interior) amándome.

Y los que no sabemos amar…
¿dónde es que fuimos para el logro de olvidarlo?
¿A dónde es que nos seguimos yendo?

—Oscar Fernández Vega

Jornades d’educació: Escoltar el cos per escoltar el cor.

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Tinc la joia i l’honor de participar de la organització d’aquestes Jornades sobre Cos, Emocions i Educació. L’Associació Arae ha congregat un grup humà de talleristes i ponents de primer nivell, que facilitarán diferents espais de debat, experiència i exploració de l’espai del cos a l’educació. Diuen a la seva web:

No és des del cos que experimentem la vida des del principi? El plaer, el desig, el dolor, no són, abans que res, motors d’aquesta vida?  Des del cos vivim els nostres límits i els del món, la pulsió cap a l’altre, l’expressió de l’afecte, de la ràbia, de la por, de l’amor. El joc, la dansa, el cant. El món de l’educació comença a escoltar el cor, i ara cal ampliar l’escolta i la mirada, perquè l’emoció s’expressa amb el gest, amb el nervi, amb la veu… I el dolor i la repressió deixen empremta sobre la pell i més endins.

Jo, que he estat tants anys a l’educació emocional, m’emociono de veure la bona rebuda que está tenint aquesta proposta (més de 100 inscrits a hores d’ara!). M’emociono de veure que seguim ampliant i aprofundint. M’impressiona (i espanta una mica) la pseudo-educació en emocions. Una imatge de la mateixa: l’allau de llibres infantils emocionals (que no emocionants, no es confonguem): contes per a infants de dos, tres, quatre anys, rotulant els noms de les emocions, i senyalant-ne amb dibuixos molt ben intencionats les expresions facials per tal que els infants puguin reconeixer-les.

No va per aquí. L’emoció es vivència i l’aprenentatge emocional es experiència. I l’experiència, al cos. Així que lluny de quedar-nos en aquella educació emocional que no es vivència sinó més contingut, més cátedra, una mena de Iinstrucció en teoria de les emocions, nivell infants, ens atrevim a sentir. I a compartir-ho.

I jo sento joia profunda de veure quants som en educació que ens hi sumem a aquesta aventura.

Dissabte 11 de febrer a Barcelona. Ultimísimes places.

Tota la informació de les jornades aquí.

Charla-debate NUEVOS PARADIGMAS EN EDUCACIÓN

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Ayer la la Manada Gori-Gori Projecte Educatiu programó unas jornadas de presentación de su espacio en el barrio de Gracia de Barcelona. Entre otros talleres y propuestas de lo más rico y variopinto (desde talleres de yoga o arteterapia para famílias a un abundante mercadillo de ropa infantil a 1€) programaron una charla-debate titulada NUEVOS PARADIGMAS EN EDUCACIÓN. Y me invitaron como ponente (aunque a mí me gusta más pensarme como quitante —de lo que sobra—).

Disfruté mucho. El espacio es íntimo y acogedor, y se nota el amor y el esmero de las famílias que levantaron y sostienen el proyecto, así como la entrega y devoción de los educadores que lo vehiculan. Empezamos tarde, como es de rigor en estas latitudes, y allá que nos embarcamos. Éramos cuatro ponenentes (o tres ponentes y un quitante): un representante de infantil y del proyecto que auspiciaba el evento (también como representación de los espacios de crianza que tan fuertemente están aflorando en Catalunya los últimos años); una representante de las famílias (vinculada también a ése mismo espacio); un profesor de secundaria de un instituto de Terrassa que va abriendo esàcios para nuevas propuestas y miradas también en esta etapa; y yo, como persona en contacto con la realidad de la educación viva en la escuela pública, a través de mi experiencia al paso por proyectos como Congrés Indians o El Martinet.

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Mi corazón no puede ser herido

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¿Cómo pudiera hacérsele una herida al agua?
¿o quién pudiera lastimar la luz?
El corazón que ya no es solo corazón
no puede ser herido.

La herida le llegó —como a todos nos llega—
y al partirse el corazón se abrió.

Ahogado en su sangre se descubrió cascarón
que al romperse se dio a luz a sí mismo.
Se disolvió en la dimensión sin tiempo.
Se liberó de su jaula de carne.

¿Cómo rayar lo que no tiene forma?
¿cómo romper lo que ya eclosionó?
Mi corazón no puede ser herido

pues el lascivo filo del desprecio
no encontrará en él donde cortar
ni el lacerante aguijón de la pérdida
hallará un lugar por el que penetrarle

¿Cómo dañar el agua con un sable?
¿cómo ensartar un grito ya en el viento?
¿cómo dispararle a un rayo de luz?

Mi corazón no puede ser herido
pues no siente ya dolor mi corazón / es Dolor
pues ya no siente amor mi corazón / es Amor

—Oscar Fernández Vega

En este instante

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En este instante
mi corazón florece
despliega sus ventrículos como pétalos de un loto
derrama su sangre como ofrenda a la tierra
entrega su calor al infinito

Ahora mi corazón descansa
se abre como mano de caricia
deja libre el amor que atesoraba
se tiende al sol del dolor del mundo

Allí mi corazón se rinde
y siente la Vida que lo atraviesa
tal como el viento inunda los campos de trigo
como cruza la luz los ventanales

Y al fin mi corazón confía
y desplegándose desde su centro se convierte en Todo
como una gota que penetra en el océano

Mi corazón
ya no es mi corazón
sino el alma del mundo
en este instante

— Oscar Fernández Vega

Peregrinaje

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He aprendido a disfrutar mis llantos
a recorrer mis sueños sin salir del mundo
a destilar palabras del silencio

He aprendido a navegar mi duda
a deshojar los filos de mi miedo
a desarticular toda esperanza

Vengo aprendiendo a desnudar la noche
a percibir las formas de la sombra
a ver sin ojos en su luz oscura

Vengo aprendiendo a despertar despierto
a revelar el manto de lo oculto
a negociarle puertas a lo eterno

Tengo pendiente descubrir la nada
zambullirme sin después en el amparo
de su desesperanza

Tengo pendiente ser Amor sin beso
Silencio sin lucir
Dios sin careta

— Oscar Fernández Vega

(fotografía de Tingli)

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¿Jugamos a meditar?

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Ayer en la escuela en que ahora trabajo, El Martinet, un grupo de 4 ó 5 niños y niñas de ocho años empezaron espontáneamente a jugar a meditar, siguiendo la iniciativa de una de las pequeñas. Se sentaban con las piernas cruzadas en el suelo, fuertemente erguidos (en una tensión corporal que me pareció entrañable), cerraban los ojos (algunos también fuertemente), colocaban las manos sobre las rodillas y juntaban alguno de los dedos con el pulgar. Y “meditaban” (las comillas son mías, y seguramente sean tan presuntuosas como erróneas).
¿Por cuanto tiempo? —no tardó en preguntar una. No sé, un tiempo —contestó (tal vez más sabiamente de lo que cree/creemos) la que inició la propuesta. Y al poco se levantó a ser “la profe de meditación”.
Pasaba tras sus compañeros “ayudándoles a destensar la nuca” con unos meneos circulares en el pelo y la cabeza que más bien parecían querer comprobar si ésta estaba realmente bien sujeta al resto del cuerpo. Los demás, se entregaban tanto al silencio como a la “distensión”.
Y allí estuvieron, felices al sol y a la brisa un buen rato. Luego de algún modo llegaron a hacer yoga y estiramientos y… y yo me enamoré. O mejor dicho, me viví en amor.

Me viví en amor… y no sólo hacia ellos, sino hacia el momento entero. En ése instante estaban tan presentes los niños, como yo, como el maravilloso entorno natural del patio, como la fuerza del proyecto escuela, con sus educadores, acompanyantes, famílias, barrio e historia.

Y en otra escala de lo mismo estaban también contenidos en ese instante toda esta sociedad que se busca, esta cultura que agoniza, y, sobretodo, todos aquellos que le vamos abriendo espacio al cambio. Este cambio que, lo digo siempre, no solo es inevitable, sino que ya es.

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puertas abiertas TEATRO TERAPÉUTICO: El Juego Sagrado

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Ven a conocer el teatro terapéutico, ven a jugar el Juego Sagrado.

Sesión abierta y gratuita para presentar el intensivo de Teatro Terapéutico: El Juego Sagrado que se impartirá el 23 i 24 de abril.

Durante esta sesión podrás reconectar con tu capacidad de juego, con tu cuerpo, tu emoción, tu voz y tu poderosa creatividad tan comunmente olvidada en los baúles de la infancia.

Abriremos juntos esas puertas y nos asomaremos al potencial sanador que nos ofrecen al regalarnos la posibilidad de jugar con nuestras limitaciones y recursos, de reconectar con nuestro genio creativo, de actuar nuestras vergüenzas, miedos, glorias y miserias, compartir nuestras historias y celebrarlas con una mirada alegre y compasiva.

No es necesaria experiencia teatral ni terapéutica previa.

 

CUANDO Y DONDE
Sala Bengala – Carrer de Sant Pere Màrtir 33,  Barcelona. Ver mapa.
Domingo 17 abril de 17:30 a 19:30h

Trae ropa cómoda, tal vez sudemos.

METODOLOGIA
Un trabajo a través del cuerpo (movimiento, emoción, voz y imaginación), acompañados por el arte (música, meditación, poesía, cuentos y metáforas,…) y en el seno de un grupo que apoya y sostiene toda la magia creativa con su presencia, comprensión y acompañamiento incondicional.

A partir de herramientas y conocimientos de
GESTALT – TEATRO DEL OPRIMIDO – CONSTELACIONES FAMILIARES – ENEAGRAMA – NARRATIVA TERAPÉUTICA – RITUAL

DIRIGIDO A
Personas con o sin experiencia teatral que deseen acercarse a esta propuesta de trabajo y exploración de uno mismo a través del juego teatral.
Personas que quieran mejorar su autoestima, confianza, creatividad, comunicación, espontaneidad yo capacidad de juego.

FACILITA
Oscar Fernández Vega, artista, poeta, terapeuta y educador. Formado en Arte dramático, Teatro del Oprimido, Terapia Gestalt y Narrativa Terapéutica entre otros. Stage El Hombre Maduro con Cristóbal Jodorowsky. Actualmente en formación de Educación Viva y Piscología de los Eneatipos (Eneagrama).
Más sobre mí.

INSCRIPCIONES Y RESERVAS
Es necesaria inscripción previa. Plazas Limitadas.
uolala   ó    oscarfvega@gmail.com

¡Nos vemos en el juego!